Repensar lo común desde las historias que nos sostienen

La proyección del documental Sara Astiazarán: la monja que encendió la lucha colectiva reunió en Córdoba a organizaciones sindicales, feministas y de derechos humanos para debatir sobre trabajo, organización y memoria. El encuentro incluyó un homenaje a Rosa Burgos, histórica militante del SINPECAF, y recuperó las genealogías que siguen sosteniendo las luchas del presente.

Las genealogías también se construyen cuando una vida encuentra eco en otra. La proyección del documental Sara Astiazarán: la monja que encendió la lucha colectiva abrió un espacio para conversar sobre organización sindical, memoria y trabajo, pero también permitió que la historia de Sara dialogara con la de Rosa Burgos y con la de tantas mujeres que hicieron de la organización colectiva una herramienta para defender la dignidad y la ampliación de derechos en un sector históricamente postergado: el de las trabajadoras de casas particulares. En un contexto atravesado por la precarización laboral y el intento de erosionar los lazos comunitarios, volver sobre esas trayectorias fue también una manera de preguntarnos cómo seguir construyendo lo común.

El conversatorio contó con la presencia de Leticia Medina, Secretaria General de ADIUC y Ana Altamirano, Secretaria General del SINPECAF, y reunió a trabajadoras, compañeras feministas y activistas de derechos humanos en un diálogo abierto sobre la vigencia de las luchas por el reconocimiento del trabajo, la organización colectiva y la justicia social. Desde Católicas por el Derecho a Decidir Argentina, Luján Farfán y Natalia Rodríguez -integrantes del área de Diálogo Ecuménico e Interreligioso- remarcaron la necesidad de recuperar estas historias invisibilizadas, reafirmando el compromiso de la organización con las memorias que siguen alimentando nuestras luchas. 

Uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue el homenaje a Rosa Burgos, histórica militante del SINPECAF, fallecida en abril de este año. Una carta leída durante la actividad recordó que Rosa llegó al sindicato en 1988 impulsada por Norma Barri, cercana a Sara Astiazarán, y que desde entonces hizo de la organización una forma de vida. Participó de las primeras reuniones convocadas por Sara para escuchar las necesidades de las entonces llamadas empleadas domésticas y, con el tiempo, integró la conducción del sindicato, siempre con una disposición generosa para acompañar, escuchar y construir comunidad.

Su hija, Lourdes Fofré Burgos, compartió una imagen que atravesó todo el homenaje. Contó que su mamá tenía «la filosofía de la hormiga»: «Siempre avanzaba, siempre luchaba, siempre cuidaba, siempre aportaba. Calladita, pero siempre estaba». Una manera de militar silenciosa, perseverante y profundamente transformadora que dialogó naturalmente con la historia de Sara Astiazarán y con la de tantas mujeres que hicieron de la organización cotidiana una herramienta para conquistar derechos.

Como se expresó al cierre del homenaje, solo sosteniéndonos unas a otras es posible seguir adelante. En tiempos de precarización laboral y de intentos por debilitar la organización colectiva, volver sobre estas historias no es un ejercicio de nostalgia. Es reconocer que los desafíos del presente tienen raíces profundas y que las genealogías feministas y sindicales siguen abriendo camino para defender la dignidad del trabajo y construir un futuro más justo.

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