Católicas y Abuelas: unidas para denunciar las nuevas caras del fascismo en Latinoamérica

La memoria no es solo una evocación del pasado, sino una herramienta política para interpretar el presente y proyectar horizontes de justicia. En un contexto donde se buscan desmantelar derechos y debilitar consensos democráticos, se vuelve clave para tejer alianzas, sostener lo conquistado y construir respuestas colectivas.

En Berlín, el encuentro “El futuro de la memoria y los derechos humanos”, reunió a Pate Palero, directora ejecutiva de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina, y Claudia Poblete, nieta restituida e integrante de la Comisión Directiva de Abuelas de Plaza de Mayo. Invitadas por la Fundación Heinrich Böll, y con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert y la Fundación Rosa de Luxemburgo, nuestras compañeras compartieron un diagnóstico urgente sobre la situación argentina y la necesidad de fortalecer alianzas internacionales frente a estos procesos.

En la Argentina contemporánea, marzo condensa una potencia política singular: el diálogo entre el 8M y el 24M. Esta cercanía expresa una genealogía de luchas donde el pañuelo blanco de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se entrelaza con el pañuelo verde de la marea feminista. Frente a un escenario de profundo retroceso en derechos, esa trama compartida se vuelve un dique ético y político fundamental para resistir y seguir construyendo horizontes de justicia.

En este contexto, la memoria no es solo una evocación del pasado, sino una herramienta política para interpretar el presente y proyectar horizontes de justicia. Ante un escenario latinoamericano en el circulan retóricas del siglo pasado, que desconocen consensos democráticos, que promueven la violencia y que alientan a la segregación social, las referencias históricas de la Europa fascista se vuelven un espejo para advertirnos sobre la urgencia de tejer alianzas, sostener lo conquistado y construir respuestas globales y colectivas.

De allí que la frase que resonó recientemente —a partir de la intervención de Dolores Fonzi en los Premios Goya—, “venimos del futuro”, nombra una advertencia: lo que hoy ocurre en Argentina permite anticipar procesos que pueden extenderse a otros contextos.

Así lo ilustró Claudia Poblete, quien denunció que el desmantelamiento institucional y los ataques a las políticas de memoria forman parte de un proyecto que busca erosionar consensos democráticos y debilitar las experiencias colectivas que demostraron que es posible transformar la realidad.

La advertencia refiere a que los ataques no son casuales ni azarosos: buscan habilitar un modelo de ajuste que solo puede avanzar si se debilitan las tramas sociales que históricamente lo enfrentaron.

Ese fue también el eje que Pate Palero llevó al Parlamento Europeo, donde denunció la gravedad del momento actual y la urgencia de construir respuestas colectivas a escala internacional.

Fue una nueva ocasión de reafirmar la coincidencia del movimiento feminista argentino en nutrirse de la valentía de aquellas mujeres que legaron su pañuelo a distintas generaciones de herederas luchadoras. El ejemplo de las que, durante la dictadura, desbordaron los mandatos que las confinaban al ámbito privado para buscar a sus hijas, hijos, nietas y nietos dejó una enseñanza fundamental: frente al terror y al abandono, la organización colectiva sostiene la vida.

Esa herencia también se expresa en los símbolos. El pañuelo verde retoma esa historia y la proyecta hacia nuevas demandas, reconociendo en las Madres y Abuelas un antecedente fundamental. No se trata de una traducción literal, sino de una continuidad política: el feminismo reconoce en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia un pilar para sus propias demandas de autonomía y derechos.

En el presente, esa trama vuelve a ser objeto de ataque. El gobierno de Javier Milei ha identificado al feminismo y a los organismos de derechos humanos como adversarios centrales, en una estrategia que busca desacreditar y desarticular políticas públicas. Como señala Pate Palero: “(el presidente argentino) ha elegido, como las derechas a nivel internacional, al feminismo y a las disidencias como su enemigo principal”, porque son estos movimientos los que sostienen una idea de libertad inseparable de la justicia social.

Frente a este escenario, las respuestas se construyen desde lo colectivo. El feminismo ha demostrado su capacidad de articular luchas diversas y convocar a otros sectores en la defensa de la democracia, en un contexto donde las alianzas a nivel internacional resultan fundamentales. Aun así, las luchas colectivas siguen produciendo organización y horizonte: en la trama que une los pañuelos blancos y verdes, la memoria no solo denuncia, sino que proyecta futuros posibles.

Como enseñan las Abuelas en su persistencia histórica: la única lucha que se pierde es la que se abandona.

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