Las otras historias de la Iglesia: una ronda para recordar a las comunidades cristianas por la liberación

Las otras historias de la Iglesia: una ronda para recordar a las comunidades cristianas por la liberación

22 julio, 2026 por Redacción La tinta

Este sábado 25 de julio, Católicas por el Derecho a Decidir y la Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo Roberto Matthews realizan una «Ronda de Memorias» en Fructuoso Rivera 1035. Desde una mirada feminista, se recuperarán las historias y legados de las comunidades cristianas que apostaron a la transformación social desde la fe. La actividad es abierta al público, libre y gratuita.

“Habitar la memoria es un ejercicio profundamente colectivo. Las memorias se tejen entre rondas, caminando junto al pueblo y fortaleciendo las comunidades que siguen apostando por la justicia social y los derechos humanos”, dicen desde Católicas por el Derecho a Decidir en la invitación para una nueva Ronda de Memorias. En un ejercicio de tender puentes entre el pasado y el presente, este encuentro recuperará las experiencias de las comunidades cristianas por la liberación, que son una tradición política y espiritual que, en nuestro país, sigue inspirando a muchas comunidades y grupos cristianos que hoy están levantando una voz de denuncia en la conversación pública, trabajando en el día a día en los barrios, en las movilizaciones. A partir de preguntarse qué permanece vivo de aquellas experiencias y ante qué desafío estamos hoy, le darán protagonismo a las mujeres y las prácticas comunitarias que siguen sosteniendo la vida colectiva.


La actividad se realizará el sábado 25 de julio desde las 12 horas, en la Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo Roberto Matthews (Fructuoso Rivera 1035). Habrá locro popular, música a cargo de la Orquesta Popular de barrio El Chingolo, la presentación en vivo del Cancionero Feminista, interpretado por las artistas Eloína Coronel y Paz Aravena, poesía, proyecciones audiovisuales y una mesa de conversación junto a familiares, compañeras, compañeros y organizaciones comprometidas con la defensa de los derechos humanos y la vida digna.


“Con un oído en el evangelio y otro en el pueblo” 

Probablemente, les suenen algunos nombres de curas que conformaron comunidades cristianas, también conocidas como las comunidades eclesiales de base, que nacieron desde lo profundo de Latinoamérica a partir de los años 60. En Córdoba, durante la dictadura militar de Onganía del 66, hubo mucha migración desde Tucumán, Salta y Jujuy por el cierre de muchos de los ingenios azucareros. Esa masa de desocupados buscaba en la capital alguna salida laboral posible. “Las comunidades cristianas se asentaron en los barrios que, para ese entonces, comenzaron a crecer y enfrentar situaciones de mucha pobreza y precariedad, como Barranca Yaco, Bajo Yapeyú, barrio Comercial, Villa Libertador. Ahí impulsaron procesos de participación y organización como la conformación de centros vecinales; había que traer el agua y la luz, empezar a mejorar las condiciones de vivienda, armar una posta sanitaria, armaron canchas de fútbol y trabajaron sobre las necesidades que iban surgiendo, que eran muchas. El Estado no era sensible a lo que vivían estas poblaciones, que comenzaron a llamarse villas. Luego, nació la Coordinadora de Villas coordinadapor el cura Nelio Rougier”, cuenta Mariana Orzaocoa, que es integrante de la Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo Roberto Matthews.

Y agrega: “Estas comunidades tenían su aspecto religioso, en el sentido de la prédica y enseñanza de un catecismo evangélico liberador, atento a las necesidades de los más humildes, con compañeras catequistas que, además, hacían cursos de primeros auxilios y así ayudaban en los centros de salud que se levantaban en las villas y en los barrios”.

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Nelio Rougier.

En Córdoba, el sacerdote obrero Nelio Rougier, que estuvo en la comunidad de base en Barranca Yaco; o el Vasco Irazábal en barrio Comercial y Villa Libertador; o Carlos Fugante en Bellavista. En Mendoza, el sacerdote jesuita Macuca Llorens fue peón albañil y ayudó a transformar un basural en un barrio. Y Monseñor Enrique Angelelli, que fue asesinado hace 50 años en La Rioja por efectivos del Tercer Cuerpo del Ejército comandado por Benjamín Menéndez. Había participado en el Cordobazo y, en La Rioja, promovió la creación de sindicatos para trabajadores mineros y campesinos, contribuyó a crear cooperativas de trabajo y estuvo unido a las luchas del pueblo por la tierra y el agua. 

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Enrique Angelelli.

“La jerarquía católica solo le daba lugar a sacerdotes; por eso, no conocemos tantos nombres de mujeres cristianas que fueron protagonistas de estas comunidades cristianas que estaban conformadas generalmente por un sacerdote acompañado por personas laicas y que se ubicaron territorialmente en zonas empobrecidas. Inspiradas en la teología de la liberación, leyeron el Evangelio desde la vida cotidiana de los barrios y los sectores populares, impulsando formas de organización para mejorar las condiciones de vida y defender la dignidad de quienes históricamente fueron excluidos”, explica Mariana Orzaocoa, que es hija de María de las Mercedes Gómez, desaparecida y una de las homenajeadas en esta ronda que organizan junto a Católicas por el Derecho a Decidir. 


Para Mariana, la participación de las mujeres fue muy relevante; hubo compañeras muy destacadas que se ocupaban de la catequesis, del cuidado y la educación de las infancias, de los primeros auxilios. “Es importante recordar a esas compañeras emergentes, por eso, este 25 de julio, proponemos esta ‘Ronda de Memorias’ para recuperar estos nombres, su entrega, su posicionamiento político y su modo de construir comunidad, que es inspirador para los momentos de tanta crueldad que estamos viviendo. Y sabemos que hay muchas más historias que aún merecen ser contadas, esperamos que en el encuentro surjan más nombres”, destaca.

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Marta Juana González.

La maestra de Villa Libertador, Marta Juana González, por quien hoy una escuela lleva su nombre, fue una activa integrante de una de las comunidades cristianas de la época. Fue detenida, torturada y asesinada por la última dictadura militar cuando tenía 26 años. 

María de las Mercedes Gómez estudiaba asistente social, trabajaba como operaria en una fábrica de zapatos y participó del Cordobazo. Luego, en la Iglesia San Ramón Nonato, conoció a las hermanas María Inés y Eva Weth que, entrando en disidencia con la jerarquía católica, decidieron vivir en las villas. En el Bajo Yapeyú, trabajaron en la comunidad para mejorar las condiciones de vida, la salud reproductiva y métodos anticonceptivos con las mujeres de las villas. 

«‘La Mecha’, como le decimos cariñosamente, sentía una profunda identificación con quienes habitaban la villa: había conocido en carne propia una vida de muchas carencias. Entendía que no alcanzaba con mejorar las condiciones de vida de los pobres, sino que había que erradicar la pobreza y que era posible organizar la vida sin clases sociales, por eso, decidió incorporarse como militante al Partido Revolucionario de los Trabajadores”, dice su hija Mariana.

El 21 de marzo de 1975, en la esquina de avenida Patria y Libertad, fue secuestrada junto a su compañera de militancia, Graciela Maorenzic, por un grupo de tareas de la policía de Córdoba y, según testimonios de la megacausa La Perla por crímenes de lesa humanidad, fueron conducidas a las instalaciones donde funcionaba el centro de mandos de la D2 en la central policial. Tenía 26 años, estaba embarazada de 7 meses, sigue desaparecida y sus familiares buscan a ese hijo. 

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Nelly Sosa de Forti.

Mariana destaca que hubo compañeras que no eran católicas ni cristianas, eran anarquistas como Nelly Sosa de Forti de Tucumán, que sostuvo un compromiso con sectores religiosos vinculados a la teología de la liberación. En un pueblo santiagueño, creó junto a su esposo una escuela de enfermería, un cineclub y un grupo de teatro de campesinos, y participó en campañas nacionales de alfabetización. El 18 de febrero de 1977, fue detenida junto a sus cinco hijos cuando estaban en un avión de Aerolíneas Argentinas rumbo a Venezuela, donde se reuniría con su esposo. Fue vista por última vez en el centro clandestino Arsenales en Tucumán. 

Las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Demon fueron parte de las misiones extranjeras. Alice trabajó con las comunidades tabacaleras en las ligas agrarias de Misiones y Léonie trabajó en las villas de Buenos Aires. Se habían unido a las Madres de Plaza de Mayo en la búsqueda de las personas detenidas y desaparecidas. Fueron secuestradas entre el 8 y 10 de diciembre de 1977 por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), liderado por Astiz, torturadas y arrojadas al mar en los “vuelos de la muerte». Ambas están desaparecidas.

“Recordarlas, traerlas a este presente nos ayuda en la reflexión desde sus experiencias de apostar por el trabajo comunitario y desde una opción cristiana. Nos abre la esperanza de que sus sueños sigan vigentes y, para eso, tenemos que estar preparadas con una estructura de proyecto, una estrategia basada en esa memoria. Hay visiones que han estado juntas desde el 70: la cosmovisión cristiana, con toda su proyección de comunidades cristianas y de teología de la liberación, junto con una proyección marxista latinoamericana que tiene sus raíces en Martí, Mella, Sandino, en la lucha nicaragüense, en Camilo Torres, en el Che Guevara, en Mariátegui. Crearon una base intelectual, teórica, estratégica, que permitió llevar adelante ese momento crucial y que sigue siendo faro para estos momentos de regímenes políticos de derecha con tanta crueldad”, concluye Mariana.

*Por Redacción La tinta / Imagen de portada: «Ronda de Memorias».

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