Después de 13 años, 9 meses y 26 días de prisión por una emergencia obstétrica, Paola Ortiz recuperó su libertad. El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba hizo lugar al recurso de revisión presentado por la Guardia Feminista de Abogadas de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina y reconoció que la condena de Paola no había incorporado una perspectiva de género con enfoque interseccional. Detrás de esta decisión hubo litigio estratégico, articulación, incidencia y acompañamiento. Y, en el centro de esa trama, la decisión de Paola de contar su historia y hacer escuchar su voz.

Foto: Gabriela Franchini – CDD Argentina

Cuando la puerta del penal de Bouwer se abrió, la noche del 1° de septiembre, Paola Verónica Ortiz recuperó la libertad. El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba dejó sin efecto la prisión perpetua y fijó una nueva pena equivalente al tiempo que Paola ya había cumplido.

La decisión no resolvió todos los planteos de la defensa, ni se abocó a dilucidar la cuestión de fondo. Sin embargo, reconoció que Paola fue juzgada sin perspectiva de género alguna y sin un enfoque interseccional que permitiera considerar las condiciones de pobreza, violencia y vulnerabilidad que atravesaban su vida. Ese reconocimiento modificó el sentido de la condena y permitió que Paola saliera de prisión.

Cuando la justicia mira solo una parte de la historia

“El tribunal solamente ve el hecho, es como ver una fotografía. Bueno, en esa foto yo sentencio y digo cuál es la pena, sin mirar todo lo demás que está alrededor de esa circunstancia”, explicó nuestra compañera Mónica Menini, presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir, en diálogo con La Ranchada.

Eso fue lo que ocurrió con Paola. En 2012 atravesó un parto en avalancha, una emergencia obstétrica que sucedió sin acompañamiento y en soledad. En 2015, fue condenada a prisión perpetua por homicidio calificado por el vínculo, sin que fueran consideradas de manera integral las condiciones de vulnerabilidad y las violencias que atravesaba y sin prueba de un nacimiento con vida.

Sobre esa sentencia se construyó también una mirada atravesada por estereotipos acerca de la maternidad y de cómo debía comportarse una mujer frente a una emergencia obstétrica: se evaluaron sus decisiones como si hubiera contado con las herramientas, los conocimientos y las condiciones para actuar de otra manera.

La ausencia de una mirada interseccional dejó fuera de la escena esas desigualdades. Volver sobre esa sentencia significó, justamente, ampliar la mirada.

Litigar también es disputar cómo se construye justicia

La Guardia Feminista de Abogadas de Católicas por el Derecho a Decidir tomó contacto con Paola y comenzó a trabajar en una estrategia de litigio para revisar una condena que no había considerado las condiciones concretas en las que ocurrió la emergencia obstétrica. En abril de 2024, Rocío García Garro y Julia Luna presentaron el recurso de revisión ante el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, planteando que el caso debía ser analizado desde una perspectiva de género e interseccional.

Rocío García Garro, Coordinadora del área de Litigio de CDD Argentina.

“Nuestro trabajo fue demostrar que la condena de Paola se había construido sobre una lectura errónea y estereotipada de los hechos, de la prueba y de su contexto”, explicó Rocío García Garro en diálogo con Las/12. El recurso incorporó un nuevo análisis médico-forense y cuestionó las bases desde las que había sido interpretada la historia de Paola.

Pero el litigio no terminó en el expediente. La revisión judicial fue acompañada por una estrategia de articulación e incidencia mucho más amplia: 13 amicus curiae presentados por organizaciones feministas, de derechos humanos y ámbitos académicos; la creación de la Mesa por la Libertad de Paola; campañas públicas y acciones que permitieron sostener el reclamo y hacer visible su historia mientras la respuesta judicial se demoraba. Desde CDD también trabajamos para que su caso fuera escuchado y para sumar voces a ese pedido de libertad.

“El problema no es solamente lo que dice el Código Penal, sino cómo funciona el sistema penal cuando quien atraviesa una emergencia obstétrica es una mujer pobre, sola y atravesada por múltiples violencias”, señaló Rocío García Garro en Las/12. Y agregó: “necesitamos un derecho penal que no sea ciego al género, pero tampoco ciego a la pobreza, a la violencia y a las desigualdades estructurales”.

Que su historia se conozca también fue parte de la lucha

Hay una decisión de Paola que fue fundamental: ella quiso contar su historia. No quiso que su caso quedara reducido a un expediente ni que su nombre quedara oculto. Como contó Mónica Menini en diálogo con La Ranchada, Paola expresó: “Yo quiero contar mi verdad. Pueden decir mi nombre y mi apellido. Yo voy a contar la verdad de todo lo que me pasa”. Hacer pública su historia también fue una forma de recuperar su voz y de disputar el modo en que había sido narrada y juzgada durante años.

Hacer visible su caso y construir red, también fue parte de la estrategia. Su historia llegó a espacios feministas de todo el país y de la región, a los medios de comunicación, a las calles, al Senado y a las reuniones organizativas del 39° Encuentro Plurinacional. La libertad de Paola dejó de ser solamente un pedido dentro de un expediente y se convirtió en una causa colectiva.

Caminar juntas hacia la libertad

La lucha por la libertad de Paola también se sostuvo en estar cerca, escucharla y acompañarla para fortalecerla. En ese proceso, la presencia sostenida, la escucha y el vínculo fueron fundamentales para que pudiera recuperar herramientas y volver a pensarse más allá de la cárcel. Porque acompañar también es parte de recuperar derechos y autonomía.

Durante este último tramo de su detención, nuestra compañera Ana Agnelli, trabajadora social e integrante del Área de Salud de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina, acompañó presencialmente a Paola y trabajó junto con otras compañeras en su bienestar emocional y psicosocial, en la revinculación con su grupo familiar y en el fortalecimiento de su autonomía.

En diálogo con Futuröck, Ana contó que en ese vínculo Paola retomó la escritura y que compartían lecturas. “Ella empezó a escribir” y poner en palabras aquello que necesitaba sacar a la luz “le ha generado también en el cuerpo, en la mente, en el corazón, mucho movimiento”.

Para Ana, el acompañamiento también implica garantizar condiciones para que esa libertad pueda sostenerse. “Poder exigir justicia y la libertad de Paola tiene que ver también con poder exigir que hoy tenga algunas condiciones de dignidad, una vivienda, un trabajo, poder pensar en fortalecer su autonomía”, explicó en Futuröck.

Y hay una frase de Ana que condensa este proceso: “A Paola libre la queríamos entera”.

Un precedente y una tarea que continúa

La decisión del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba trasciende el caso de Paola. Este fallo sienta un precedente relevante para otras mujeres criminalizadas por atravesar emergencias obstétricas, al reconocer la importancia de incorporar una perspectiva de género con enfoque interseccional y considerar las condiciones de vulnerabilidad, pobreza y violencia que atraviesan sus historias.

Los casi catorce años que Paola pasó en prisión no se recuperan. Pero hoy está libre y puede empezar a reconstruir su vida, acompañada y rodeada de una red que nunca dejó de sostenerla.

Los feminismos organizados hicieron de la insistencia una estrategia y de la articulación una herramienta para disputar aquello que parecía inamovible.

Como señaló Mónica Menini en diálogo con La Ranchada, “siempre demostramos que, organizado, nuestro movimiento ha transformado y sigue transformando la realidad y haciendo historia”.

Hoy esa historia tiene otro capítulo. Paola es libre. Y esta libertad también nos recuerda de qué somos capaces cuando nos organizamos, insistimos y no dejamos de disputar lo que parecía imposible.

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