
El embarazo en niñas menores de 15 años vuelve a estar en la agenda de los medios de comunicación a partir de un reciente informe presentado por UNICEF Argentina que advierte sobre la magnitud de esta situación en el país y encuadra estos casos en contexto de violencias y vulneración de derechos. Por estos días, también circulan algunos datos sobre la situación en Salta, una provincia en la que Católicas por el Derecho a Decidir Argentina trabaja desde hace años junto a comunidades indígenas. Frente a esta conversación pública, desde nuestra organización consideramos sumar otra dimensión a esta conversación: qué hay detrás de los datos, cómo se vinculan estos embarazos con las uniones tempranas y, sobre todo, qué lugar ocupa la voz y la autonomía progresiva de las niñas y adolescentes en las decisiones que afectan sus vidas.
Hace tiempo que esta cuestión forma parte de nuestra agenda. En 2026, en el marco del proyecto Cuerpos y Libertades, nuestra organización, junto a la Fundación Tercer Milenio y mediante un convenio de colaboración, comenzó un estudio exploratorio sobre uniones tempranas en adolescentes de pueblos originarios que habitan en la Ciudad de Tartagal, provincia de Salta.
Se utilizó una estrategia de muestreo no probabilístico e intencional, seleccionando deliberadamente comunidades donde existían condiciones para desarrollar el proceso participativo y donde la problemática de las uniones tempranas había sido previamente identificada por referentes territoriales.
La unidad de análisis estuvo conformada por adolescentes y mujeres jóvenes que iniciaron una unión antes de cumplir los dieciocho años, en tres comunidades indígenas donde se relevaron 45 uniones entre 13 a 18 años. Del total, se relevaron 5 uniones en las cuales la niñas tienen entre 13 y 14 años, 27 uniones en las cuales las adolescentes tienen entre 15 y 16 años y 13 uniones en el rango etario de 17 a 18 años, estas últimas que vienen conviviendo antes de los 18 años. Todas las niñas y adolescentes se identifican como indígenas pertenecientes a los pueblos Toba, Guaraní y Wichí y viven actualmente en sus comunidades de origen.
El estudio tuvo como finalidad comprender trayectorias de vida y factores asociados al fenómeno en contextos comunitarios específicos y no se propuso estimar prevalencias poblacionales ni realizar inferencias estadísticas hacia el conjunto de la población provincial.
Los resultados deben entenderse como evidencia del grupo relevado y como base para la construcción de hipótesis de trabajo. No se presentan como estimaciones representativas de la totalidad de adolescentes de las comunidades.
Partimos de una metodología participativa e intercultural, construida junto con las comunidades indígenas. Antes de su inicio, se realizaron consultas previas, libres e informadas en cada una de las comunidades participantes. El proceso incluyó también entrevistas realizadas por referentes de las propias comunidades y espacios de trabajo colectivo con personas adultas, referentes y autoridades indígenas.
Asimismo, se realizaron talleres con niñas, adolescentes y sus parejas, y se ofrecieron talleres de oficios como parte integral de esta intervención. Estos espacios permitieron recuperar experiencias, preguntas, desafíos y aprendizajes que forman parte del proceso de investigación y trabajo territorial.
Actualmente estamos trabajando en el análisis intercultural de los datos relevados y en la sistematización de los hallazgos, la metodología, los aprendizajes, los desafíos y las devoluciones surgidas durante todo el proceso. La presentación integral de este trabajo —que incluirá los datos relevados, las entrevistas, los resultados de los talleres y la reflexión metodológica construida a partir de la experiencia— se encuentra en proceso de escritura, diseño gráfico y edición final.
Algunos datos iniciales
De las 45 uniones tempranas relevadas, 43 de ellas tienen hijos/as y 2 cursan embarazos avanzados en agosto de 2026.
Entre los datos más significativos se destaca que el 71,1% de las entrevistadas convivía con su madre y/o padre antes de la unión y el 76,3% describió positivamente la relación familiar. A su vez, el 86,8% identificó a la familia como primera red de apoyo.
La trayectoria escolar constituye uno de los puntos críticos: entre las respuestas disponibles para esta dimensión, el 56,8% fue clasificado como “interrupciones” ( no hablamos de abandono porque hay una tendencia a continuar con los estudios aunque haya dificultades propias de la unión temprana.) . En la pregunta sobre situaciones que influyeron en la interrupción del trayecto educativo, el embarazo representa el 77,3% de las respuestas registradas.
La escuela aparece también como principal fuente de información sobre salud sexual y reproductiva, con el 54,8% de las respuestas, mientras que los centros de salud representan el 12,9% , en las familias la información fue poca e incompleta.
El inicio de las relaciones presenta una distribución diversa. El 35 % de los registros ubica el encuentro en la propia comunidad. Le siguen otros ámbitos como la escuela con 14 %, las amistades comunes con 10%, las redes sociales 8 %, el trabajo 8% y los vínculos familiares con 3%.
Respecto de las edades de las parejas varones, el 34,2% corresponde al grupo de 14 a 16 años, el 28,9% al grupo de 17 a 18 años, el 10,5% al de 19 a 20 años y el 26,3% a parejas de 21 años o más. Estos últimos porcentajes corresponden a parejas iniciadas entre los 13 y 18 años. Solo que al relevarlas contaban con la edad que especifican los porcentajes. En conjunto, el 63,1% de las parejas registradas tiene 18 años o menos, mientras que poco más de una cuarta parte corresponde a parejas de 21 años o más.
La actividad de la pareja al momento de la unión también presenta diferencias: el 44,7% trabajaba, el 26,3% estudiaba, el 15,8% combinaba estudio y trabajo y el 13,2% realizaba changas.
Estos datos sugieren que no existe un único perfil de unión temprana. En algunos casos se trata de vínculos entre adolescentes; en otros, aparecen diferencias de edad y situaciones laborales que pueden introducir desigualdades adicionales de experiencia, autonomía o recursos.
Pero hubo algo que apareció con especial fuerza en los talleres y que merece detenernos especialmente. En particular, nos interesa anticipar que cuando las personas adultas y autoridades indígenas consideran cómo enfrentar la situación del embarazo de una niña o adolescente nos dicen que las posibles decisiones son: interrumpir el embarazo (conocen perfectamente que es un derecho en Argentina), continuar con el embarazo o dar el nacido/a en adopción. Y cuando, en el taller preguntamos ¿quién toma la decisión sobre esas opciones? En todos los casos responden que la decisión la toman las familias de la mujer y del varón en conjunto. Seguimos preguntando: ¿y los jóvenes no deciden? La respuesta es: “no, porque son menores de edad”.
Autonomía progresiva…salió del grupo.
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*Mónica Menini es feminista y abogada salteña. Presidenta y coordinadora del Área de Cabildeo de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina.


