Ante la encrucijada “anti derechos”, el deber de la resistencia

Por Dora Barrancos

Vivimos un ciclo aciago por el retroceso de derechos humanos debido al doble lazo opresivo que representan las actuales políticas gobernantes de ultra derecha, a saber, por un lado la orientación económica hiper concentrativa, de ajuste calamitoso sin contemplaciones, que se revela para la mayoría de la población como la casi imposibilidad de sobrevivir, y por otro, la regresión de los derechos fundamentales para las mujeres, las disidencias, las personas jubiladas, con discapacidad, con enfermedades de alto costo de medicamentos, para señalar conjuntos muy afectados. Es menguado denominar de “neo liberal” a la actual saga gobernante, pues significa un retroceso aniquilador propio de los regímenes autoritarios neo fascistas, aunque todavía no podamos recurrir a la nomenclatura más adecuada para designar este fenómeno. Es que estamos frente a un  contexto planetario penumbroso debido al auge de las ultras derechas desde por lo menos el último cuarto de siglo, aunque no escapa que su incubamiento puede rastrearse más lejos. Examinemos algunos antecedentes de la amenaza global. Pocas dudas caben sobre el papel de los cambios económicos y sociales desde el estadio maduro de la globalización o mundialización como han preferido llamar no pocos autores, para dar cuenta de que el fenómeno trasciende la dimensión económica, y especialmente dadas las crisis recientes que sacudieron al capitalismo. Pero deberíamos ir más atrás y otear el paisaje que se produjo cuando se deshilacharon las últimas trazas del Estado de Bienestar y se repusieron con vigor las expectativas de la “mano invisible” del mercado como principio regulador de las intervenciones políticas, aún de las que concernían a las experiencias social demócratas. El Estado de Bienestar, como se sabe, no fue un conjunto de dispositivos centrados en el impulso estatal inventado por las fuerzas de izquierda, sino por las reconversiones liberales urgidas por el fin de la segunda guerra mundial. Circunstancia peculiar en América Latina puesto que estuvo asociada a fórmulas populistas, algunas de las cuales resultaron amenazantes para los Estados Unidos de América que vieron en ellas los gérmenes de una alteración sustantiva de su “contrato colonial”, por lo que se encargaron de derrocadas de gobiernos – a menudo sangrientas-, y consiguiente suspensión del Estado de derecho.  El ciclo sucesor fue, en general, neo liberal esto es, ligado a las concepciones económicas neo clásicas, por lo tanto anti distributivas. Las expresiones que tuvo el Estado interventor en Latinoamérica fueron en buena medida socavadas por las urgencias políticas detractoras a cargo del poder económico concentrado, y uno de los elementos más eficaces además de la notable actuación de los medios conservadores, fue la exaltación de la corrupción de los agentes políticos, la invención fraudulenta de delitos a quienes habían tenido responsabilidad en cargos gravitantes, la exhibición de la ineficacia de los resortes estatales clave. La Justicia ha sido desplazada de su capacidad probatoria apegada a Derecho, por la cooptación de funcionarios judiciales que actúan a solicitud de los deseos y necesidades de los intereses particulares decididamente antipopulares. La escalada de la low fare es un fenómeno particular, aunque no exclusivo de la región, y su aplicación ha significado la aberrante prisión de Cristina Fernández de Kirchner.

Estamos frente a una severa mutación liberal pues las manifestaciones que se pretenden  liberales se han reorientado a la extrema derecha, y sus visiones ideológicas y sus configuraciones políticas resultan claramente autoritarias. Esgrimen fórmulas violentas de lenguaje para dar cuenta de sus desprecios discriminatorios, y no trepidan en el ejercicio de la crueldad. ¿Pero cómo han construido sentido las fuerzas de ultra derecha en nuestro país? Claro que debe pensarse en primer lugar en la promesa no completamente cumplida de justicia y equidad por las fórmulas políticas, aun cuando investidas de presupuestos sociales con gran compromiso estatal, ese default ha minado la confianza en las propias instituciones públicas. No se trata sólo de cuestiones económicas, creo que hay una ruptura de orden representacional que tiene que ver con los cambios en la subjetividad, que también afectan a capas populares, aunque favorecidas con estrategias gubernamentales distributivas, recelan de los alcances de los beneficios a más gente. Una suerte vituperable de “resentimiento preventivo” que puede traducirse por la expresión “yo subí, pero no quiero que me alcances”.

Debo agregar a estas reflexiones el papel jugado por dos fuerzas subjetivas que se traccionan mutuamente: miedo e inseguridad. Esta retroalimentación no conduce a senderos que puedan orientar a los sujetos hacia formulaciones solidarias y colectivas. Hay una vasta bibliografía acerca de que el miedo y la inseguridad son soportes directos de las posiciones agónicas que refieren los programas de las ultra derechas. La distopía del individualismo, la imposibilidad de reconocer lo político la malla societal, como indispensable para la existencia, el crédito meritocrático, exclusivamente personal que advertimos como un nuevo anclaje entre los propios sectores populares, forma parte de la batalla electoral ganada recientemente por las ultra derechas

El último segmento de este abordaje se refiere a cómo interpretar la saga contra los feminismos y la diversidad, la posición “anti derechos” que se plasma en el combate a la “ideología de género”, constitutiva de las extremas derechas contemporáneas. En el pasado había sujetos reaccionarios anti feministas, homofóbicos, lesbofóbicos, transfóbicos, pero la diferencia que hoy se advierte es el carácter programático de esas actitudes. Las fuerzas neo fascistas tienen programas contra la perspectiva de género, oponiéndose a los feminismos que la sostienen como columna vertebral de las luchas por la erradicación del patriarcado. El partido VOX en España ostenta un programa de acción en el que se propone derogar leyes como las de la violencia contra las mujeres, pues alude a que la violencia se ejerce contra todas las personas, entre otras medidas adversas a las posturas feministas. El partido Fidesz, bajo el liderazgo de Viktor Orban en Hungría, se empeña en dispositivos de estricto control contra los inmigrantes, y con relación a la condición de las mujeres, desde la reforma de la Constitución en 2010 es legal el pago diferencial de salarios para estas. Aunque no extinguió el derecho a abortar se exige que para hacerlo las embarazadas deben escuchar antes los latidos del feto. En Italia las diferentes fuerzas de derecha impusieron a la militante fascista Giorgia Meloni desde muy joven se enroló en una fuerza política adherente al legado del Duce, como Primera Ministra. Sus preocupaciones mayores parecen situarse en un nacionalismo que se asimila al de Orban – de quien es muy allegada -, e impulsa un natalismo itálico, que pueda superar demográficamente la amenaza de las poblaciones “extra comunitarias”. Ardiente defensora de la conyugalidad heterosexual, sostiene el binarismo sustancial y se dispone a una serie de leyes pro natalistas. Y qué decir de Trump en Estado Unidos, contrario al aborto y a medidas de reconocimiento de las mujeres y disidencias. En su caso, además, se ponen de manifiesto las diferencias enormes entre el viejo liberalismo – iluminista, de apuesta a la ciencia -, y las nuevas  visiones esotéricas que ostenta el cauce de la derecha radical.

Resulta abrumadora la enunciación de las decisiones del gobierno Milei contra los derechos de las mujeres y disidencias,  sus violenta discursividad,  la circunstancia de que entre sus asesores directos se encuentren figuras de fuste “anti derechos”, como Agustín Laje al frente de la Fundación Faro, ente recaudador de recursos para “la batalla cultural”, y Nicolás Márquez (procesado por graves acusaciones de violencia sexual contra su pequeña hija). La diatriba anti feminista es la moneda corriente de la actual  gobernanza, se les ha antojado afirmar aunque el coro es internacional, que las feministas son responsables de la caída de la tasa de natalidad. La verdad es que la inexorable “transición demográfica” que viene disminuyendo los nacimientos es anterior al ímpetu feminista por una maternidad no forzada.

Mi hipótesis es que en nuestro tiempo no hay nada tan desestabilizador como el objetivo feminista de erradicar al patriarcado y las concepciones sexo-genéricas binarias. La sublevación femenina se ha tornado tan expresiva, tan plural y tan decisiva, que exalta paranoicamente a los espíritus anti derechos. Tenemos una tarea difícil pero indeclinable: desarrollar como militantes la estrategia resistente más creativa que podamos  imaginar. Debemos revertir absolutamente este “fuera de sí” en que las fuerzas de derecha colocan a las poblaciones, y devolverles el sentido del “para sí”, un diseño esperanzador de que recuperar la dignidad, la autonomía y la política implica abdicar del estado más vituperable, el de la “servidumbre voluntaria”. En eso estamos.

 

1. Ver especialmente Carlos Fortin, “Mundialización y globalización: una distinción necesaria” , en Políticas Públicas – Primer Semestre 2007 –Vol 1, n º 1 , pp  7- 16

2. Estoy de acuerdo con Jorge Alemán en focalizar el orden de la subjetividad, “El nuevo obstáculo de la izquierda” (Pagina12, 24-08-2025, p.13)

 

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