Durante dos jornadas en Casa Nazaret, lideresas indígenas y campesinas de distintos territorios del país volvieron a encontrarse para abrazar el camino compartido, fortalecer cinco años de organización colectiva y seguir tejiendo, desde sus identidades, memorias y territorios, una agenda propia por los derechos sexuales y (no) reproductivos, la autonomía y la justicia social.

Fotos: Católicas por el Derecho a Decidir
Pañuelos verdes y banderas de mujeres de distintos territorios del país volvieron a entrelazarse, esta vez con los pañuelos blancos que aún resonaban en Casa Nazaret, escenario del 5to Encuentro de Lideresas Indígenas y Campesinas realizado el 7 y 8 de abril. Impulsado por Católicas por el Derecho a Decidir Argentina como parte de un proceso sostenido de articulación política y territorial, este espacio —acompañado desde sus inicios por Mónica Menini, presidenta de la organización y coordinadora del área de cabildeo, junto a Ornella Steffanazzi— volvió a reunir a compañeras de múltiples provincias para hacer memoria del recorrido compartido y seguir construyendo agenda frente a los desafíos del presente.
Llegadas desde distintos territorios, las lideresas compartieron experiencias, diagnósticos, prácticas comunitarias y saberes propios como parte de una construcción política que reconoce la identidad como una dimensión central en la defensa de derechos. En este espacio, reconocerse en la diversidad no fue un gesto simbólico, sino una forma concreta de fortalecer organización, intercambiar herramientas y ampliar estrategias comunes.
A lo largo de estos cinco años, cada encuentro fue consolidando mucho más que una instancia de reunión: fue trazando una hoja de ruta colectiva. Desde aquel primer Encuentro de lideresas y referentes indígenas y campesinas realizado en Buenos Aires en 2021, cuando comenzaron a abrirse estos diálogos interculturales para fortalecer el acceso a derechos sexuales y (no) reproductivos, hasta hoy, el proceso fue creciendo encuentro a encuentro, sumando voces, herramientas y estrategias para construir una agenda política propia.


Cada nueva edición permitió profundizar ese recorrido: volver a encontrarse, reconocer problemáticas comunes y definir juntas cuáles eran las urgencias de cada territorio. Así surgió la necesidad de construir herramientas propias para hablar desde las experiencias de mujeres indígenas y campesinas, fortalecer liderazgos territoriales y producir diagnósticos situados sobre barreras estructurales como el acceso desigual a la salud, la falta de insumos, las violencias, los obstáculos lingüísticos y la precarización económica.
El tercer encuentro marcó un punto de inflexión con la decisión colectiva de impulsar un monitoreo sobre derechos sexuales y reproductivos desde los propios territorios. El cuarto permitió presentar sus resultados y transformar esa producción en una herramienta política construida por y para las comunidades. Así, esta genealogía de encuentros fue consolidando una agenda donde las propias lideresas definieron prioridades, estrategias y horizontes comunes.

Durante esta quinta edición, ese proceso también dialogó con otras áreas de Católicas por el Derecho a Decidir. En distintos momentos de las jornadas se compartieron espacios de intercambio con Pate Palero, directora ejecutiva de nuestra institución; Tania Cucui, coordinadora del área de Comunicación; y Milagros Acosta, coordinadora de la Red de Jóvenes de CDD, ampliando perspectivas y fortaleciendo una articulación que apuesta a seguir construyendo respuestas políticas desde múltiples dimensiones.


Pero estos encuentros también hicieron posible algo más profundo: que muchas compañeras pudieran reconocerse como lideresas, fortalecer iniciativas propias y ampliar redes para defender derechos desde sus comunidades. Allí, los saberes territoriales dialogaron con herramientas jurídicas, feministas y organizativas para sostener respuestas concretas frente a desigualdades históricas.
Este 5to Encuentro reafirmó una certeza construida a lo largo de cinco años: las mujeres indígenas y campesinas no solo sostienen territorios, culturas y comunidades; también construyen agenda, producen pensamiento político y organizan futuros posibles. Lo que se fortalece en cada reunión no es únicamente un espacio de encuentro, sino una apuesta colectiva por ampliar autonomía, defender la vida digna y disputar justicia desde los territorios.





