El 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, es mucho más que una fecha en el calendario: es una marca en la historia del movimiento feminista latinoamericano. Desde su origen en los ’90 hasta hoy, sigue convocando a las calles, a los debates y a la acción colectiva. En un contexto adverso, recogemos las voces de nuestras compañeras para mirar hacia atrás, reconocer los avances y, sobre todo, reafirmar que la defensa del derecho a decidir sigue siendo un horizonte irrenunciable.

El 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, es una fecha con historia y memoria feminista en América Latina y el Caribe. Declarada en 1990 en San Bernardo, Argentina, durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC), señala la urgencia de visibilizar los abortos inseguros y de exigir su despenalización y legalización para proteger la salud y la vida de mujeres y personas gestantes. La elección de la fecha recuerda también la Ley de Libertad de Vientres de 1871 en Brasil, símbolo de autonomía y libertad.
Desde entonces, cada #28S se convirtió en un día de movilización global que sostiene en alto una demanda histórica: el acceso universal al aborto legal, seguro y gratuito, junto con políticas públicas que garanticen salud sexual y reproductiva integral. En Argentina, la sanción de la Ley 27.610 en 2020 fue un logro trascendental, fruto de décadas de lucha feminista. Sin embargo, persisten obstáculos en su implementación y retrocesos impulsados desde el poder político, que hacen más necesario que nunca fortalecer nuestras redes para defender y sostener este derecho.
“El 28S es un hito en la construcción continental de los feminismos americanos”, afirma Pate Palero, Directora Ejecutiva de CDD Argentina. Para Palero, la potencia de esta fecha está en reunir voces diversas bajo una misma consigna: “Cada vez más el 28S se nutre de relatos y consignas a favor del aborto, con variados idiomas, invitando al diálogo y favoreciendo la despenalización social”.
La sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Argentina marcó un antes y un después, no solo en el país, sino en toda la región. Luján Farfán, co-coordinadora del Área de Diálogo Ecuménico e Interreligioso de CDD, lo explica desde su experiencia: “Si bien siempre existieron voces disidentes, durante mucho tiempo el debate estuvo monopolizado por voces conservadoras que hablaban en nombre de la fe. Nuestro aporte, junto con el de muchísimas compañeras del campo religioso, fue mostrar que no hay una única manera de creer ni de nombrar a Dios”. Desde las teologías feministas, señala, se construyeron lenguajes y prácticas que muestran que “defender la autonomía también es una forma de defender la vida digna y plena”.
En el campo de la salud, el impacto de la ley fue inmediato. Ana Morillo, coordinadora del Área de Salud de CDD Argentina, lo resume así: “La ley dio esa fortaleza de poder, a través de un protocolo actualizado, tener más respaldo, más seguridad, más certeza, un instrumento legal para dar las disputas hacia adentro de las instituciones de salud”. Antes de la sanción, ya existían cientos de equipos de salud acompañando interrupciones legales del embarazo; después, se duplicaron los efectores y se mejoró la calidad y la cantidad de la atención. Hoy, sin embargo, los desafíos persisten: falta de insumos en algunas provincias, dificultades de acceso a la medicación y un clima político hostil que transmite desinformación y miedo.
Aun así, lo que emerge en cada testimonio es la misma certeza: el derecho se sostiene en la red feminista que une profesionales, activistas, comunidades de fe, lideresas indígenas y juventudes. “Creo que la gran fortaleza en este contexto es que seguimos tramando en red y acompañándonos”, insiste Ana.
El 28S nos recuerda que la historia del aborto legal y seguro en América Latina no se escribe solo con leyes, sino con organización, acompañamiento y solidaridad. Y, como nos recordaba Leda Valladares, la compositora y estudiosa de los cantos ancestrales de nuestros territorios, “el canto colectivo nunca desafina”. En ese desafío cotidiano, nuestras redes feministas son la mejor garantía para sostener el presente y seguir imaginando futuros de dignidad y justicia.


