Los días 11, 12 y 13 de octubre, la provincia de Salta será la anfitriona del XXIX Encuentro Nacional de Mujeres y contará con la participación activa de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina y de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, con el objetivo de seguir planteando los cambios que la sociedad necesita: más justicia social, más igualdad, más acceso a puestos de trabajo y aborto legal, seguro y gratuito.

Según datos de la Comisión Organizadora, se esperan alrededor de 40 mil mujeres de todo el país, cifra que convertiría a este encuentro en el más numeroso de las últimas tres décadas. Los Encuentros Nacionales de Mujeres son el evento político, social y cultural más masivo y unitario de la Argentina. Un acontecimiento que se realiza desde hace tres décadas y cuyas exclusivas protagonistas son las mujeres. No existe una iniciativa similar que se haya sostenido durante tanto tiempo de manera ininterrumpida. Miles de mujeres llegan de todo el país de manera autoconvocada y autofinanciada todos los años a una provincia diferente durante tres días, para debatir, confrontar posiciones, intercambiar experiencias, movilizarse, cantar y bailar en una peña multitudinaria.

El primer Encuentro se realizó en 1986 en la Ciudad de Buenos Aires, a partir del impulso de un grupo de 45 pioneras nutridas de las luchas y de las experiencias acumuladas durante la dictadura y en los primeros pasos de la democracia. No estaba escrito que esta nueva democracia debía traer nuevos derechos para las mujeres, ni que los derechos humanos también las debían contemplar como sujetos. Este primer Encuentro fue el puntapié inicial que luego se convertiría en la máxima expresión del movimiento de mujeres.

En los últimos Encuentros llegaron a participar entre 20 mil y 30 mil mujeres. Y cada uno estuvo atravesado por la coyuntura política nacional y continental: desde el retorno de la democracia pasando por los años de fuertes embates del neoliberalismo y las luchas de resistencia de los nuevos movimientos sociales, hasta la rebelión popular de diciembre 2001, la insurgencia de los nuevos procesos latinoamericanos y los diferentes momentos de la “década K”.

Fueron la ocasión para discutir y cuestionar desde las propias mujeres cómo cada región del país fue enfrentando la desocupación, la precarización, la criminalización de la protesta y de la pobreza, la represión institucional, la polarización campo / gobierno, la persecución de las luchadoras y luchadores populares, los avances de las políticas extractivistas y de los agronegocios. Y mucho más. Porque de este mismo espacio surgieron importantes luchas y conquistas para el movimiento de mujeres, como la lucha por la Ley de Divorcio y la patria potestad compartida, la Ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, la Ley de Educación Sexual Integral o la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, entre otras.

Este año el Encuentro vuelve a Salta, donde ya en el año 2002 se realizó la edición número diecisiete y representó un hito muy importante en la historia de los encuentros nacionales. Fue el posterior a los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y al asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, donde se expresó contundentemente el gran protagonismo de las mujeres en lucha contra las consecuencias de las políticas neoliberales, mientras que la provincia era gobernada por el menemista Juan Carlos Romero. Piqueteras, participantes de las asambleas populares y trabajadoras de las fábricas recuperadas llenaron las calles y los talleres, realizándose por primera vez el taller “Mujer, movimiento piquetero y asambleas populares”.

El encuentro del 2002 también es recordado por haber sido el primero en el cual la Iglesia participó en los talleres de anticoncepción y aborto, a través de mujeres católicas especialmente capacitadas por obispos, con el objetivo de obstaculizar el debate.

Pasaron doce años y Salta es otra vez la sede elegida. Y no casualmente. Porque si bien la coyuntura política, económica y social es diferente, la provincia sigue siendo un enclave de los grupos políticos y religiosos más conservadores, con un claro posicionamiento antiderechos de las mujeres.

El gobernador kirchnerista Juan Manuel Urtubey, perteneciente a las clases altas salteñas y vinculado al Opus Dei, viene siendo sistemáticamente denunciado por el movimiento de mujeres por gobernar según sus propias convicciones religiosas. Mientras que la provincia tiene por decreto el protocolo de acceso al aborto no punible más restrictivo de todo el país, sigue negándose a reglamentar la ley de Salud Sexual y Procreación Responsable, desconociendo en el primer caso un fallo de la Corte Suprema de Justicia y en el segundo incumpliendo el Programa Nacional de Derechos Sexuales y Reproductivos. Afortunadamente no pudo avanzar con la prohibición de los anticonceptivos de emergencia, aunque el pedido de eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas aguarda en los tribunales que se expida la Corte Suprema provincial.

Varias organizaciones de mujeres han afirmado que “de la mano de Urtubey gobierna el Opus Dei”, dando cuenta del poder que detentan estos grupos conservadores y su ubicación en el Estado. Son los mismos que vienen motorizando una fuerte campaña de desprestigio hacia el Encuentro Nacional de Mujeres y sus participantes, sea a través de las redes sociales como por medio de pintadas, volantes y pasacalles. También presionando a los directivos de las escuelas públicas para que no presten las escuelas para talleres y alojamiento y negando directamente las escuelas privadas, en su mayoría católicas.

Sin embargo un nuevo femicidio en la tercera provincia con más casos del país logró correr por un momento la atención de la opinión pública. El femicidio de Evelia Murrillo, maestra rural de 44 años que fue asesinada al intentar impedir la violación de una alumna, causó una verdadera conmoción. En Evelia se concentran muchas historias de violencia de género y de desamparo, conjuntamente con las malísimas condiciones de trabajo a las que están sometidas tantas docentes rurales que tienen a su cargo la educación de comunidades wichis sin recursos y en medio de la nada.

La sociedad empieza a percibir que la violencia hacia las mujeres en la región es un verdadero problema cultural, que no se soluciona, y a las pruebas se remiten, con declaraciones pomposas de la emergencia provincial en violencia de género. Y quizá la realización del Encuentro Nacional de Mujeres sea la posibilidad de profundizar más y mejor en las causas y las políticas públicas concretas que son necesarias para enfrentar los femicidios y todos los tipos de violencia hacia las mujeres.

En un escenario nacional complejo desde el punto de vista de la situación económica y política, el movimiento de mujeres movilizándose masivamente a una provincia como Salta nos demuestra claramente que no será fácil para los sectores conservadores y antiderechos frenar a multitudes dispuestas a no dar un paso atrás y a ir por más.

Desde la tierra donde combatieron Macacha Güemes y Juana Azurduy y se levantaron las grandes puebladas de Mosconi y Tartagal, miles de mujeres harán sentir su voz contra todas las injusticias y opresiones. Salta será, por lo menos durante tres días, el bastión de las mujeres que luchan.

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