Se cumplen dos años de la muerte de Lohana Berkins, nuestra comandanta de las mariposas. Una líder política que hizo resonar el feminismo y la movilización contra las opresiones, no sólo incorporando nuevas demandas sino también mostrándonos nuevas lecturas de la realidad, caminos de transformación surgidos de la organización del activismo trans a mediados de la década del ’90.
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Lohana es la voz de la inclusión trans contra las encarcelaciones, por trabajo formal, identidad de género, matrimonio igualitario, entre otras demandas. Una voz potente de igualdad y resistencia ante la opresión, contra el sistema patriarcal y capitalista, contra los fundamentalismos y cualquier tipo de injusticia.
Lohana fue compañera de lucha, amiga y confidente. Fue pionera y maestra. Desde 2008, presidió la Cooperativa Escuela de Trabajo Textil de Travestis y Transexuales Nadia Echazú, en la localidad de Avellaneda, abriendo posibilidades reales de trabajo para que la prostitución no significara la única salida posible para travestis y trans. Esa experiencia, potente como ella, produciría entre otras cosas, los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal seguro y gratuito.
Lohana es lo real para nombrar un colectivo invisibilizado por las jerarquías del género. Pacientemente nos enseñó que “las travestis no son una cuestión de esnobismo, ni de posmodernismo, ni de estudios culturales”. “Estuvimos acá desde siempre”, dijo. “Estuvimos en todos los lugares y en todos los hechos poniendo el cuerpo. Somos la escoria que nadie quiere ver y que se intenta ocultar a través de zonas rojas, de “mándenlas a la orilla del río”, de la condena a la prostitución como única forma de supervivencia”.
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Sus lecturas fundamentales de la realidad, anudadas a una práctica y a su compromiso vital por trascender un destino de injusticia, hicieron posible que en la lucha colectiva se aprobara la ley de Identidad de género. Como ella misma expresó, lamentando que faltaran tantas compañeras trans para abrazarse y festejar, la ley “reparatoria más importante para una de las comunidades más discriminadas, más segregadas, más olvidadas”.
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Como persona católica, Lohana mantuvo siempre un vínculo muy especial con nuestra organización y está siempre presente inspirando nuevos desafíos. Porque Lohana fue abrazo y fue furia, Lohana es abrazo y furia, amor y ansia de transformación.
Se extraña tu querida presencia comandanta Lohana, que como un canto va a seguir resonando en el valor crítico de la diferencia, en la construcción de la identidad de cada unx como ser únicx e irrepetible, pugnando por nuevos sentidos y caminos de resistencia en nombre de las libertades.