Entrevista con Gladys Ponte, médica, ex jefa del Servicio de Ginecología del Hospital Rawson.

de LA VOZ DEL INTERIOR

En sus brazos murieron mujeres que le pedían seguir viviendo y sus manos de médica salvaron, a veces sin anestesia, a muchas por las complicaciones derivadas de abortos clandestinos.

 

“Me jubilaron”, dice con un dejo de disgusto. Gladys Ponte trabajó en el Hospital Rawson, donde ocupó los cargos de jefa del Servicio de Ginecología y de directora del establecimiento, hasta que la Provincia decidió en 2002 jubilar por anticipado a un gran número de empleados públicos.

Con 53 años de existencia y un sinnúmero por vivir, tuvo que dejar el trabajo que tanto le apasionaba y seguir como profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba. “Me quedé con un vacío muy significativo”, cuenta.

Al poco tiempo se sumó a Católicas por el Derecho a Decidir para, desde una organización social, seguir trabajando por la dignidad de las mujeres.

Una de las actividades que realiza son capacitaciones a profesionales de la salud. Cientos de médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos hoy incorporaron a su quehacer derechos que no todos conocen, como las normas que establecen el parto humanizado, la ligadura tubaria, o el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.

–¿Se cumplen todas esas leyes?

–La de ligadura tubaria aún tiene vaivenes importantes. No son pocas las dificultades. Ahora, por ejemplo, el conflicto gremial del sector salud está dejando a las mujeres sin muchas posibilidades de hacerse las ligaduras.

–¿Y el acceso a otros métodos?

–La provisión gratuita de los diferentes métodos anticonceptivos que provee el Programa Nacional de 
Procreación Responsable está asegurada.

–¿De todos?

–A veces hay dificultades en el acceso a la colocación del DIU (dispositivo intrauterino). Aún se solicitan estudios a través de protocolos que no se ajustan a lo que la OMS plantea. Funcionan como trabas que tienen que ver fundamentalmente con lo ideológico.

–¿A qué se debe el uso de la palabra “católicas” en el nombre de la organización?

–Estamos en disidencia con los conceptos de la jerarquía de la Iglesia, no con todos sus miembros porque muchos acompañan nuestra postura que es luchar por los derechos sexuales y reproductivos en el marco de los derechos humanos y la justicia social, de la autonomía de las mujeres de tomar sus propias decisiones sobre cómo quieren vivir su sexualidad y cuántos hijos quieren tener.

–¿Pero por qué “católicas”?

–Porque nosotras somos católicas también.

–¿Se sienten parte de la Iglesia?

–Sí, sí. Somos miembros de una Iglesia y disentimos con la jerarquía que pone límites al ejercicio de la sexualidad, a la diversidad.

–¿Cómo era trabajar en el Rawson?

–Entré en la década de ’70, la falta de democracia se notaba en el servicio de salud, donde también se reprimía la libertad de las personas, fundamentalmente de las mujeres. El aborto era la primera causa de internación. Las modalidades con las que las mujeres terminaban produciéndose el aborto las ponían en alto riesgo, la mortalidad era muy alta. Y hacíamos los legrados a las mujeres sin usar anestesia.

–¿Era así en otras intervenciones que no estuviesen relacionadas con el aborto?

–No, todas las demás se hacían con anestesia. Tenía que ver con la posibilidad de culpabilizar a las mujeres. No eran pocas las veces que se escuchaban a colegas decir “se lo merecen”. Las que no se complicaban eran las que podían pagar por esa prestación.

–Debe de haber sido difícil atenderlas.

–Los momentos más difíciles fueron cuando por complicaciones muy severas muchas mujeres, que morían lúcidas, nos tomaban de la mano y nos decían: “No me dejen morir”. He asistido a la muerte de esas mujeres en muchísimas ocasiones. Y he visto morir desde niñas adolescentes hasta mujeres que dejaban un número importante de hijos.

–¿Cuál era el perfil de esas mujeres?

–Hice un trabajo de investigación en el que registré sus datos. El primer parámetro significativo era la pobreza; el número de hijos, situaciones adversas con sus parejas, viviendas muy pequeñas, falta de acceso al agua potable, inexistencia de baño, trabajo precario de sus parejas. Diferentes contextos de gran vulnerabilidad que hacían que estas mujeres llegaran a esta situación. Contextos de indigencia, desigualdad e inequidad.

–¿Fue un estudio por iniciativa propia o respondía a una política de salud pública?

–Comenzamos recién a trabajar más orgánicamente cuando constituimos “La Interhospitalaria”, porque un grupo de profesionales pedíamos que se produjera un cambio, regía el decreto-ley 6.222, conocido como Ley Rezzónico, que prohibía a los profesionales médicos informar, indicar o suministrar métodos anticonceptivos que se cumplía en el ámbito público pero no en el privado. Una desigualdad más para las mujeres. Aún no había una idea de política pública. De hecho, dejamos de realizar legrados sin anestesia luego de 1984.

–También se denunciaba a las mujeres que se realizaban abortos.

–Como el aborto era un delito, era obligatorio denunciarlo, aunque no denunciábamos a todas. Pero hubo una paciente que nos denunció por faltar al secreto profesional, La Voz del Interior sacó un gran titular con la denuncia.

Gracias a eso nos pudimos amparar en el secreto profesional para no denunciar más. Esto hizo que las mujeres ingresaran más rápido al hospital y se evitaban las complicaciones. Bajamos la mortalidad materna.

–Hoy bajaron las complicaciones.

–Sí. La mortalidad por abortos no es cero, se siguen muriendo por abortos, aún hay mujeres a las que se les realiza un aborto con tallos de perejil, o sondas. Pero con el uso muy difundido del aborto medicamentoso, hay abortos más seguros, las complicaciones son menos graves.

–O sea, no habría menos abortos, pero sí menos complicaciones.

–El número de abortos, según estadísticas de diversos estudios, está entre 420 mil y 500 mil por año. Los egresos hospitalarios no disminuyen, alrededor de 78 mil mujeres egresan de los hospitales públicos por año por complicaciones de aborto; de esa cifra se infiere la cantidad de abortos.

–¿Por qué no baja ese número de egresos?

–Si todas las mujeres accedieran al Programa Nacional, evitaríamos llegar a las internaciones.

–¿Cómo ve el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que admitió el aborto no punible en casos de violación?

–Es un hito muy importante que se haya expedido para reconocer los derechos de las mujeres. El Código Penal dice claramente que el aborto es legal en algunas circunstancias.

– ¿Seguirá habiendo médicos y operadores jurídicos que obstaculicen el aborto no punible?

–La Corte plantea claramente que los servicios de salud deben acatar el fallo y tener un protocolo. El protocolo existe, está. Ahora tiene que haber decisiones de los ministros de Salud de las provincias y el de la Nación para que en cada hospital se cumpla lo que se debe cumplir.

–¿Cuál sería el límite temporal para hacer un aborto?

–Nosotras planteamos las 12 semanas.

–¿Cuál es la razón?

–Hay estudios que indican que a partir de allí ya habría actividad cerebral. Así como se determina la muerte cerebral para decir que alguien se murió, se utiliza el mismo criterio. Pero las discusiones son muchas, y las sociedades científicas se deberían expresar, es una deuda de los científicos de este país. Como dice el médico (Aníbal) Faúndes, es un falso dilema estar a favor o en contra del aborto. Yo nunca me he alegrado porque una mujer haya tenido que abortar. Creo que nadie se ha alegrado. Es un falso dilema porque, en realidad, lo que se discute es condenar o no a las mujeres. Pero aún condenando a las mujeres con leyes restrictivas, el número de abortos no disminuye y las muertes de las mujeres siguen existiendo.

–Es que las leyes restrictivas no están pensadas para cuidar a las mujeres, sino a lo que ya está concebido. La Iglesia lo dejó claro cuando se conoció el fallo. Dijo que se trataba de dos vidas, no de una.

–Cuando acompañé y vi morir a muchas mujeres por complicaciones, nunca vi a ninguno de estos señores acompañando ni a ellas ni a los que estábamos con ellas. Ese también es un momento muy especial para acompañarlas, en esa trágica decisión.

Ficha

Gladys Ponte, médica, ex directora y ex jefa del Servicio de Ginecología del Hospital Rawson. Es profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba e integra la ONG Católicas por el Derecho a Decidir.