Por Pate Palero*

A partir del debate parlamentario, el aborto salió del closet. Hablar de aborto ya no es un tabú. En muchos lugares en donde la sola referencia a la práctica estaba censurada, hoy hay preguntas y requerimientos de información. Escuelas, sindicatos, centros vecinales, centros de jubilados, programas de radio y televisión. Nada quedó fuera de la marea verde.

El aborto multiplicado en palabras, el aborto hablado. Porque el aborto es realidad desde mucho antes de que se discutiera si es legal o no. Medio millón de abortos anuales en la clandestinidad, indica que negarse a aprobar la ley, no evitará ni reducirá la práctica.

Lo distinto es que terminó de romperse el silencio; la despenalización social y moral está ocurriendo, en simultáneo con las exposiciones que se escuchan desde el Anexo del Congreso.

Las subjetividades transformadas, liberadas de la mordaza del prejuicio, se expresan en el espacio público. Con más o menos cámaras enfocándolas, ahí están Flor de la V, Tini Stoezel, Mariana Fabiani o Lali Espósito, al igual que tu vecina, tu compañera del fútbol de los martes, o tu profe, contando aquella experiencia cercana, escondida durante años que hoy necesitan relatar para explicar por qué no condenarían a prisión a su amiga, a su mamá, a la maestra, a tantas que debieron interrumpir un embarazo no planificado.

Mujeres creyentes, que entienden que pueden aceptar la decisión de otras, sin abandonar su fe. Que eligen acompañar y entender, en vez de juzgar y expulsar.

Despenalización de hecho. Sanación de conciencias. Una culpa menos sobre las espaldas de las mujeres del país.

congresoLa construcción de consensos parece tener una única dirección. Muchas personas que condenaban el aborto, que juzgaban, que no escatimaban calificativos como: asesinas, libertinas, o irresponsables, hoy revisan su posición. Escucharon. Comprendieron. Lo contrario no ocurre. O por lo menos, no se hace público. A diario conocemos de personas que supieron ponerse en otros zapatos: en los de Ana María Acevedo y en los de tantas mujeres de carne y hueso, condenadas a cien años de soledad.

Una sola dirección: del dogmatismo religioso, a la información jurídica; de la falacia del “bebito” al criterio bioético científico; de la dimensión individual a la perspectiva colectiva de la salud pública.

La tendencia a revisar la situación del aborto es unidireccional también respecto a aquellos/as que sostienen su posición contraria a legalizarlo. Quienes hasta hace poco desconocían el artículo 86 del Código Penal, quienes obstaculizaban el acceso a métodos anticonceptivos y quienes fueron históricos reticentes a la implementación de la Educación Sexual Integral, hoy reclaman la vigencia de éstos derechos para evitar el libre acceso al aborto. ¡Bienvenidos y bienvenidas!

Tanto así, que ciertos mandatarios trasnochados pretendiendo esgrimir los mismos criterios medievales exhibidos sin pudor hace poco tiempo atrás, se ven compelidos a retroceder en chancletas y amoldar sus expresiones al nuevo contexto.

Como efecto colateral, el debate por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, nos ha puesto como sociedad en la necesidad de reflexionar sobre nuestras conquistas; nos ha obligado a pensarnos democráticamente; y nos ha ejercitado en la argumentación y la escucha plural.

En cualquier caso, sea cual sea el cauce que tome el debate, la construcción no terminará en esa instancia. El desafío será velar por la efectivización de los derechos de las mujeres, como con cada una de las conquistas que hemos logrado. Y en eso, el feminismo tiene una larga experiencia.

En tiempos de crisis económicas, de incertidumbres laborales, de auge de la especulación financiera, en las que el individualismo y la meritocracia encuentran óptimas condiciones para inocular su veneno, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, aparece como un genuino brote verde esperanza.

Nada de esto hubiera podido ocurrir sin una siembra previa, profunda, sostenida, constante. Durante años abonamos el territorio. Labriegas de conceptos, de alianzas, de información, de argumentos. Militantes feministas paridoras de símbolos. Un pañuelo y una consigna. Fruto verde y jugoso que se multiplica en todos los rincones del país.


*Pate Palero. Periodista – Red PAR