Que sea ley, documental de Juan Solanas estrenado el pasado 18 de mayo en Cannes, contiene múltiples testimonios que dan cuenta de las maneras en que en Argentina se vulneran los derechos de las mujeres a su autonomía reproductiva y a poder decidir sobre sus cuerpos. Crudos testimonios que estremecen, emocionan, nos llevan a reafirmar el valor de escuchar a cada mujer en su deseo.

Entre esos relatos se encuentra el de Belén, cuya causa fuera tomada por la abogada Soledad Deza, integrante de la Católicas por el Derecho a Decidir Argentina y la Fundación Mujeres X Mujeres, en 2016. Belén, bandera de todas nuestras luchas, oculta su rostro en el documental para contar su dolorosa experiencia y nosotras no paramos un segundo de llorar. Cuando Soledad tomó su defensa, Belén acababa de ser condenada a 8 años de prisión por un evento obstétrico. Llegó a pedir ayuda al hospital, no sabía hasta ese momento que se encontraba embarazada. La acusaron de provocarse un aborto. Médicos, enfermeros, policías, jueces, la juzgaron sin escuchar jamás lo que tenía para decir. Su caso puso en la escena pública la disyuntiva por la que pasaban miles de mujeres al momento de atravesar una emergencia obstétrica: elegir entre la cárcel o la muerte, la negación más cruda de los derechos acentuada por largas cadenas de vulnerabilidades y la desidia del Estado ante estos temas.

Belén fue, de alguna manera, un importante hito histórico para lo que vendría después. Fue el primer caso de aborto que se nacionalizó y que convocó, bajo una misma consigna, a miles de personas que el 12 de agosto de 2016, salieron a la calles a reclamar Libertad para Belén. El aborto no había sido, hasta ese momento, un reclamo que interpelara masivamente. Los primeros twittazos, las movilizaciones y estrategias puestas en marcha para lograr su libertad y posterior absolución, marcaron a fuego a toda una generación de mujeres que bajo la consigna Libertad para Belén desplegaron aprendizajes colectivos que, articulados con una impecable defensa técnica dejaron entrever el entramado de poder patriarcal que se erigía para justificar la criminalización.

Hay muchas Belén en nuestro país todavía. Muchas Lucías, Ana Marías, Marías Magdalenas, Juanas… Mujeres, compañeras, personas, que esperan ser escuchadas y respetadas en sus decisiones, lejos de la criminalización y el ojo acusador de quienes, desde una doble moral, pretenden tutelar nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Este 28 de mayo, volvemos a presentar una vez más el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso Nacional. Volvemos a convocarnos en las calles, por aquellas que ya no están, por las que vendrán. Queremos poder decidir sobre nuestros cuerpos en libertad, porque la maternidad será deseada o no será, porque estamos juntas haciendo historia hasta Que Sea Ley.