Nuestra identidad, nuestras ideas y posición disidente como católicas en el marco de una institución patriarcal como la Iglesia, surgieron hace más de 25 años en América Latina y  otros 25 que en Argentina construimos debates, publicaciones, acciones, con una pionera digna de mencionar Safina Newbery, antropóloga feminista, a quien un día deberemos homenajear. Desde esos inicios fuimos impactadas por la Teología de la Liberación y luego por la Teología Feminista, a partir de las cuales nos propusimos varias metas, entre ellas la Vida y la Libertad de las mujeres siempre amenazadas por las posturas conservadoras y a veces fundamentalistas de la jerarquía católica.

Nuestra Misión es defender la vida de las mujeres, su libertad para elegir un proyecto de vida sin estar obligadas a ser madres si no lo desean.  Por eso quisimos dar la lucha por los derechos reproductivos incluido el derecho al aborto cuando cada mujer lo decide. Esto hizo que nos comprometamos de manera radical con la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y estamos orgullosas de ello, insistiendo siempre en educación sexual y anticoncepción para decidir.

Defendimos la vida, la salud, la decisión de las mujeres con convicción cristiana y apoyándonos en la libertad de conciencia ante los dilemas éticos que la doctrina de la iglesia contempla. Hoy luego de tanto andar, pareciera que tenemos que volver atrás para defender la vida de las mujeres de la violencia machista y patriarcal que el sistema capitalista neoliberal permite e ignora mientras una iglesia, muchas iglesias silencian.

Las mujeres que adherimos al núcleo de la fe cristiana, las Católicas por el Derecho a Decidir y los hombres de buena voluntad que nos acompañan no podemos dejar de expresarnos ante el aumento y ferocidad de los femicidios en nuestro país y denunciar que se duplicó el número anual de muertas por complicaciones de aborto. Por ello nos sumamos al paro internacional de mujeres el 8 de marzo. Marcharemos al grito de Ni Una Menos y también para demandar trabajo, justicia, y igualdad económica y política para las mujeres y compañeras trans.

El atentado mortal a la vida de las mujeres tiene un nombre: Femicidio. Se logró nominarlo de esa manera por el trabajo y la participación sistemática de las mujeres en el sistema político y judicial de este país. Las mujeres avanzamos, nos organizamos, marchamos, hacemos encuentros al que asisten más de 100 mil mujeres, debatimos, tenemos múltiples estrategias, muchísimas redes, creamos organizaciones y alianzas para luchar por nuestros derechos. Y aun así, nos matan más que nunca. Este año casi duplicó en número los femicidios y  crímenes múltiples por algún macho que se sintió dueño no solo de la mujer como hembra sino de la manada completa, del destino de todas las mujeres.

Nos duele cada mujer muerta, golpeada, vejada. Nos duele mucho más viendo el morbo de algunos medios de comunicación que lo amplifican, que  lejos de prevenir promueve la violencia machista. Se multiplican los casos en manos de estos varones violentos, por ello denunciar y demandar a los medios de comunicación que hacen de cada femicidio un relato policial, que piden mano dura y no contribuyen con toda su capacidad y responsabilidad a parar la mano contra tanta violencia, al no revelar sus razones: el sistema patriarcal y las desigualdades económicas, políticas y sociales que éste provoca.

Hoy es imperioso junto con diferentes referentes del movimiento feminista y de organizaciones de mujeres construir una estrategia de incidencia para que se realicen campañas nacionales y globales, para poner un freno a la violencia machista sobre el cuerpo de mujeres y a la violencia neoliberal sobre el pueblo en su conjunto.

Nuestra lucha por la vida y la libertad  de las mujeres, es una lucha histórica que tiene raigambre latinoamericana y popular. Nuestra lucha es por más inclusión, por la redistribución de nuestras riquezas, por más espiritualidad y contra la inequidad y la exclusión. En nuestra lucha denunciamos al sistema económico occidental que provoca guerras, hambre y situaciones indignas a millones de personas en todo el mundo, un sistema que cada día es más racista y xenófobo.

Es urgente hacer un llamado de atención a los líderes religiosos, incluido el Papa, a quienes aún tienen dignidad y defienden la justicia social para que levanten la voz, para que contribuyan al cambio cultural necesario y que la mujeres dejemos de ser objeto de violencia.


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