Las juventudes son una oleada que viene traer frescura al feminismo actual. El diálogo entre las distintas generaciones de activistas produce una mirada nueva sobre la realidad y nos devuelve más herramientas para renovar el compromiso y las tareas que asumimos como Católicas por el Derecho a Decidir. Natalia y Luján participaron por primera vez del 34º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans e Identidades no Binarias. Cuentan cuáles son las sensaciones y desafíos que traen desde La Plata.

PAÑUELOS

Durante todo el Encuentro en La Plata hubo una gran discusión por las identidades: ¿son nombradas o su participación se mantiene implícita, invisibilizada? En 1986, cuando se realizó el primero en Buenos Aires, era solo de mujeres. Una voz potente comenzó a crecer hasta que se hizo colectiva y llegó al 2019 para impulsar con fuerza que el Encuentro sea Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans e Identidades no Binarias.

En todos los talleres debatieron sobre el cambio de nombre. Natalia Rodríguez forma parte del área ecuménica e interreligiosa de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) y participó del taller “Estado, Poder y Religiones. Estado Laico”. Fue la primera vez que asistió al Encuentro y allí escuchó los distintos puntos de vista sobre el cambio de nombre. La Comisión Organizadora mostraba resistencia, mientras que la campaña Somos Plurinacional sostenía que era momento de escribir una nueva página en la historia: ampliar el nombre, porque nombrar también es una forma de inclusión.Nati y Luji

“La discusión sobre el nombre del Encuentro fue el momento más áspero. Había mucha resistencia a ese cambio por parte de un sector numeroso que asistió al taller. Algunas intentaban poner el tema de la clase como única raíz de todas las inequidades, restando importancia al género y ni qué decir del racismo. Eso nos impulsó a comprometernos más con las identidades diversas y escuchar las luchas de las trans. Sumar desde nuestro lado a sus demandas nos pareció crucial”, contó Natalia.

Junto con Natalia viajó María Luján Farfán, integrante de la Red de Jóvenes de CDD que también participó por primera vez del Encuentro. “Volví muy emocionada. Al escuchar otras experiencias y otros discursos, al ver otras caras que a la vez me parecían familiares, empecé a desatar un montón de nudos que sentía en cuanto a mi identidad como mujer, como feminista, como católica y como descendiente de pueblos originarios. Entendí (más con el cuerpo que con el pensamiento) que todo eso que nos marcaron como contradictorio habita en mí, en nosotras. Crece, sobre todo, cuando nos encontramos, pensamos, sentimos, soñamos y planeamos juntas. Compartirlo con mis compañeras fue muy hermoso”, afirmó María Luján.

Las dos jóvenes participaron de la marcha que se extendió por más de tres kilómetros en la ciudad de La Plata. Fue la más multitudinaria en la historia de los encuentros. Caminaron junto a las activistas de otras generaciones que trazaron un recorrido para ellas, y que ahora enriquecen con sus nuevas miradas.

varias encuentroEn ese sentido, Natalia aseguró: “La juventud aporta visiones y cuestionamientos que nos hacen repensarnos, nos impulsan a seguir moviéndonos y a no abandonar la convicción de que otro mundo es posible”. Mientras que para María Luján, “la juventud trae consigo nuevas sensibilidades y una nueva conciencia con respecto a muchos temas que ya se discutían históricamente, y no tanto, dentro del movimiento de mujeres”.

El diálogo entre las distintas generaciones de activistas produce una mirada nueva sobre la realidad y nos devuelve más herramientas para llevar adelante los compromisos y actividades que impulsamos desde CDD. Son las jóvenes quienes abren la puerta a nuevos debates, enfoques, sensaciones y también contradicciones.

“La energía, la creatividad y la alegría de las nuevas generaciones vino a refrescar nuestros debates y darles otra dinámica, a visibilizarlos en todos los espacios posibles. En el caso de Católicas creo que desde la Red de Jóvenes estamos aportando un poco eso y también una fuerte defensa de nuestros derechos hacia adentro de las Iglesias. En nuestro campo, creo que eso es lo novedoso: mujeres jóvenes que, en la mayoría de los casos, venimos de una militancia pastoral, y que con esa energía feminista tan poderosa nos plantamos para defender todas las reivindicaciones del movimiento de mujeres. Nos atrevemos a desafiar el poder de las instituciones y sus discursos de dominación. Siento que todo esto es posible gracias al camino que las activistas referentes fueron abriendo con mucho esfuerzo y que nosotras retomamos. En ese sentido, creo que es fundamental no dejar de reconocer esa sororidad intergeneracional”, sostuvo María Luján.Lola Lourdes

Ya no somos las mismas después del Encuentro, que finalmente será Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans e Identidades no Binarias. En San Luis, la próxima sede, el nombre cobrará mayor potencia. Las jóvenes nuevamente estarán allí para trabajar por los derechos de todas. Tanto Natalia como María Luján volvieron con ganas de regresar a los próximos encuentros y también de enriquecer las alianzas feministas.

“Volvemos con ganas de trabajar más intensamente las interseccionalidades, ya que nos interpelan de manera profunda al ser descendientes de pueblos originarios y al estar atravesadas por diversas espiritualidades. Nos sentimos más comprometidas a seguir tejiendo redes entre todes, y continuar juntas con estas luchas desde la escucha activa y el acompañamiento efectivo, empático y feminista”, sostuvo Natalia.cAMPAÑA

Para María Luján también es vital alimentar las redes entre compañeras. Ellas forman parte de Sororidad y Fe, un grupo de mujeres católicas y evangélicas que se reúnen a intercambiar y profundizar miradas desde las teologías feministas. Al principio eran pocas pero ahora cada vez hay más grupos en distintas ciudades del país. Será una de las alianzas a fortalecer en este y los próximos años. “En el Encuentro conocimos a nuevas compañeras de diferentes edades y lugares que están transitando el mismo camino. Estamos todas en contacto, nos organizamos y vamos liberándonos juntas de muchas opresiones que nos fueron transferidas por haber crecido en iglesias o familias conservadoras. A veces, siendo cristiana y feminista, pensás que sos la única, pero no. Somos muchas y nos estamos encontrando, organizando”, aseguró María Luján. Ahora que estamos juntas, no solo nos hacemos visibles ante la sociedad sino también nos miramos para reconocernos y trazar un camino que sea para todes.